Rol de las Hormonas en el
Balance Energético
La
coordinación del uso de la energía y la ingesta de alimentos es necesaria
para la regulación del peso corporal. El centro cerebral que gobierna el
circuito del hambre
y la saciedad se encuentra en el hipotálamo. De manera contínua ciertos
sensores (neuronas) monitorean los niveles de lípidos y azúcar en el sistema
sanguíneo, así como otros que responden a hormonas específicas. Dependiendo
de estos niveles se dispara la producción de neuroquímicos que aceleran o
frenan la ingesta de alimentos. Las hormonas que participan en la
regulación de la ingesta pueden dividirse en dos grupos: uno que actúa
rápidamente e influye en las comidas individuales, y otro que actúa más
lentamente para promover el equilibrio a largo plazo de las reservas de
grasa del organismo.
El hipotálamo
integra las señales relacionada con el sistema gastrointestinal, indicadores
que se producen del metabolismo de los macronutrientes (principalmente en el
hígado) y señales químicas provenientes del sistema nervioso central y
periférico. Estas señales son anabólicas (estimulantes del hambre, ej.
neuropéptido Y) o catabólicas (supresoras del hambre, ej. leptina) y
determinan el deseo biológico de comer o no comer. Además, tales señales
"biológicas" se coordinan con factores sicológicos (ej. cultura), factores
conductuales (ej. comer mientras se ve televisión) y factores ambientales
(ej. tamaño de porciones, calidad sensorial del alimento). La conducta
resultante no es simplemente el producto de un elevado o reducido deseo de
comer, sino que proviene de la integración compleja de muchos factores
internos y externos.
El gasto de
energía está relacionado con la tasa metabólica, que en estado de reposo
está controlada por varias hormonas y factores genéticos. La actividad
física aumenta el gasto energético directamente, pero también afecta varias
hormonas que controlan la tasa metabólica y la sensación de hambre. Por lo
tanto, el ejercicio parace ser la única variable que tienen el potencial de
influenciar ambos lados de la ecuación del balance energético.
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Sabías que...
La dopamina (neurotransmisor asociado con la adicción a todas las
drogas de abuso) es uno de los mensajeros químicos involucrados en la
alimentación. La primera vez que una persona prueba un alimento que le
gusta, una descarga de dopamina acompaña el momento de placer. Pero
después, cada vez que la vista o el olfato vuelven a detectarlo, la
descarga se produce no en la etapa consumatoria, sino en la
anticipatoria.
Otra vedette en el escenario del
hambre es la serotonina, también vinculada con el estado de
ánimo. Es un mensajero químico que actúa sobre las neuronas que secretan
melanocortinas, los agentes anoréxicos más potentes que hay en el
cerebro: cuando aumenta la liberación de melanocortinas, los ratones de
laboratorio no comen; cuando se bloquea, comen todo el tiempo.
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